sábado, junio 24, 2006

Te van a comer las vinchucas...

Al Señor Jefe de la Oficina de Agronomía, Ingeniero Carlos D. Girola.

Señor Jefe:

Sirva esta portada al libro adjunto, que como resultado de la Investigación Agrícola efectuada por mí en la Provincia de Jujuy, entrego á usted, esta nota de remisión, en la que, por no tener que ajustarme á las disposiciones del Decreto, puedo dar libertad á la pluma, deseoso de aprovechar el único espacio que en la obra me es permitido, para expresar en él algunas que creo indispensables.
Tengo en ello vivo empeño. Muy poco se ha escrito sobre Jujuy, muy poco se lo ha estudiado. Si en la obra general se exceptúan la notable Historia Política, del doctor Joaquín Carrillo y uno que otro libro, resultado de viajes efectuados por hombres de ciencia como Barckebusch, Burmeister, Nordenskjöld y Mortillet, y se trata de juzgar esta lejana provincia sólo por las obras publicadas en la Argentina, qué profunda tristeza despierta aquel suelo magnífico y olvidado, admiración de los autores extranjeros citados, á la vez que mal descripto y peor tratado por aquellos que escribieron aquí, que en él vivieron y en él sintieron quizá por vez primera, en sus mezquinas envolturas, el tibio soplo de las auras tropicales o la fría caricia de los helados vientos de sus punas!
El extranjero que vuelve de Jujuy canta la gloriosa magnificencia de aquel escenario incomparable. El argentino sólo trae la burlona sonrisa de su propia ignorancia en los labios. Es que Jujuy es un escenario casi virgen para los hombres de estudio - y desgraciadamente es una verdad que los argentinos estudiosos no han sentido nunca el deseo de visitarla, y los que han ido.... Con gusto mostraría á usted lo que han dicho! "Jujuy es todo y los jujeños nada". Frase que por ahí duerme en libro que no quiero mencionar, digna de ser repetida con tono de justa indignación, porque, si bien es cierto que la naturaleza jujeña es exuberante, forzoso es reconocer que lo que Jujuy es, se lo debe tan sólo al esfuerzo incesante, propio, aislado de los jujeños, que han llevado sus acequias de riego hasta las cimas de los cerros, cubriendo de verdes campiñas los pedregales, trepando sus cordilleras empeñados en arrancar los preciosos metales que ocultan sus entrañas y transportando piedra por piedra, cual cíclopes gigantes, y haciendo verjeles de lo que estaba destinado á ser árido valle de tolas y yaretas.
Y no es la única frase que he de mencionar. Otro libro, de autor famoso, y distribuído en momentos en que más necesitaba Jujuy de la propaganda exterior, pinta á la capital como habitada principalmente por quíchuas.
¿Qué extraño es, entonces, el poco interés que los argentinos en general y los extranjeros se toman por aquella tierra, si, como repito, no hay estudios de ella, no hay buenas descripciones, en fin, no hay obras de propaganda exterior que permitan conocer su suelo y su estado de adelanto?
-¡Vas á Jujuy! - me decían al partir.- Te van a comer las vinchucas; allí no hay con quien hablar, ni cómo vivir; no hay hoteles, no hay casas, porque son todos ranchos; tendrás que comer locros y mazamorras, tendrás que dormir en catres hechos con tientos de cuero en los que en cada cruce habita una familia de insectos, porque no conocen ni el agua ni el jabón. Y con esta previa presentación, que á todo el que parte para aquella provincia no falta quien le haga, partí para Jujuy - y cuando ví la tierra aquella y ví su capital, limpia y pintoresca, y cuando traté aquellos jujeños que "son nada", sentí vergüenza, señor jefe, del injusto concepto en que el vulgo la tiene, y comprendí que le faltaba hacerla conocer en nuestra misma tierra, sí, en nuestra misma tierra, y dí gracias á la buena suerte que me presentaba la grata ocasión de escribir el libro que hoy entrego, con la esperanza de ser útil á la tierra jujeña y en el que deseo poner en cambio de la sabiduría que me falta, todo mi empeño, todo mi corazón.
Sé muy bien que en mis páginas muy poco de nuevo encontrarán los agricultores de Jujuy. No escribo para ellos. Pretensión sería la mía si tratara de enseñar, por lo que he visto en un año y meses, á quienes han nacido en aquel suelo, y, al envejecer, se encorvan hacia él. De ahí que , en tal sentido, me limité á las prácticas establecidas y aplicables, de la agricultura moderna. Escribo, - especialmente la primera parte de este informe, - para aquellos que piensan que es ella una comarca pobre y atrasada, en la que es inútil el trabajo y en la que niega la diosa Fortuna sus favores. Escribo con la esperanza de que mis páginas lleguen al extranjero, para que ellas despierten su interés, porque lejos de creer que la inmigración no va á Jujuy debido á que el Litoral ofrece mayores facilidades á éste, soy un convencido de que hay pueblos europeos que encontrarían allí un escenario idéntico al nativo, satisfechas sus tendencias, y mayores facilidades para su desenvolvimiento, por la misma similitud del medio.
No crea el señor Jefe, por todo lo que he dicho, que es mi intención ocultar defectos, haciendo una obra puramennte encomiástica. La provincia que estudio no la necesita, porque para su propaganda es suficiente, y sobra con decir la verdad, anotando los hechos tales como se presentan. He buscado más que sus grandes rasgos que ahí están, inmutables, eternos, porque son los rasgos de la Naturaleza, he buscado los defectos, y cuando he creído encontrarlos, he tratado de retenerlos, porque son en su mayor parte de la obra humana, siempre imperfecta. Los defectos humanos sólo se destruyen con los hechos, que son siempre verdades.
Al hacer entrega de este Informe, permítame manifestarle mi agradecimiento por la distinción que me hizo al elegirme Comisionado para la Investigación Agrícola de la Provincia de Jujuy.

Saluda al señor Jefe con su consideración y debido respeto:

E. A. Holmberg (hijo)

Investigación Agrícola de la Provincia de Jujuy
Informe presentado por Eduardo Alejandro Holmberg (hijo)
Buenos Aires
Compañía Sud-Americana de Billetes de Bancos
1904

El texto es gentileza de Máximo Ezcurra